El Gran Timonel de los licores del mundo

Botellitas cerámicas de Moutai
Botellitas cerámicas de Moutai

Miguel Ángel Almodóvar

Se llama Moutai y es un baijiu, en chino y literalmente licor blanco o claro, que se elabora, mediante un proceso artesanal que dura cinco años y que incluye 165 pasos técnicos, a base de sorgo rojo glutinoso, trigo y agua del rio Chishui, afluente rojizo del Mangtsé o río Azul, la mayor cuenca fluvial del continente asiático. Con un alto grado etílico, hasta 53º, su peculiarísimo aroma jiangxiang evoca al de las salsas de soja.

Se empezó a producir durante las dinastías Shang y Zhou, hace más de dos milenios, aunque no fue hasta el siglo XVII cuando altos funcionarios de la dinastía Qing fusionaron las distintas técnicas para fijar el licor en altos estándares de calidad.

Su fama a gran escala en China comenzó cuando se supo que el Ejército Rojo, comandado por Mao Zedong y Zhou Enlai, lo había usado profusamente durante la Gran o Larga Marcha de 1934 a 1935. Para aliviar las penurias de un durísimo camino de 12.500 kilómetros, que solo pudieron completar una décima parte de las tropas a lo largo de los 370 días que duró el épico periplo, el Moutai fue usado tópicamente para aliviar ampollas, fascitis, fracturas por sobrecarga o sesamoiditis, y por vía oral para elevar la moral de mandos y tropa ante las dramáticas adversidades.

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En reconocimiento y tributo al papel que representó el licor en el asentamiento de las bases que darían lugar a la Republica Popular China, el mismo año de la instauración del nuevo gobierno y sistema, 1949, Mao declaró al Moutai “licor oficial de la República Popular”.

Sin embargo, su proyección  internacional a gran escala no tuvo lugar hasta la histórica visita a China de Richard Nixon en 1972; nada menos que la primera vez en la historia que un mandatario estadounidense pisaba suelo chino. Nixon se reunió varias veces con Mao Zedong de manera formal y bastantes más con el primer ministro Zhou Enlai, con el que visitó la Gran Muralla y departió largamente en varios banquetes amenizados por brindis y más brindis con Moutai, que dejaron al político californiano para ser arrastrado por el elefante republicano.

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Desde entonces el licor chino no ha dejado de escalar posiciones en el mercado internacional y en 2017 se convirtió en la bebida con mayor cuota de valor de marca a escala planetaria con un 37,5% frente al 28% del whiskey. Así, en abril de ese mismo año, Moutai fue valorada en 71.500 millones de dólares USA, superando a los 71.100 de la multinacional Diageo, que posee marcas en su catálogo como Johnnie Walker, Baileys, Smirnoff y Tanqueray. Claro que si en este caos es oro todo lo que reluce, su fulgor es con frecuencia tan excesivo que lo convierte en mercancía propensa al burbugeo bursátil y producto que ni pintado para realizar o intentar sobornos. De todo ello es consciente la administración del actual líder Xi Jinping, entre cuyas prioridades y con el mismo orden está tanto el conseguir buenos resultados de las empresas estatales como que las especulaciones y burbujas no afecten a la economía nacional a medio y largo plazo. De manera que el asunto está controlado y Moutai no va a morir de éxito, aunque en ese casi ha llegado a España una versión de 43º; es decir, 10 menos de los habituales 53º que la que beben los chinos, con la idea, dice, de ofrecer: “… una textura más redonda y amable en boca, lo que le convierte en una excelente introducción para los que se acercan por primera vez al baijiu”.

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La presentación en sociedad tuvo lugar en el restaurante Urrechu, cuyo Chef, Íñigo Pérez Pérez de Leceta, lo armonizó con “sabores mediterráneos, ingredientes asiáticos y matices aromáticos vinculados al universo Motai”, muy en la línea de extensión tronada y chaveta de la ansoniana Cocina de la Libertad, y a la vez ajena al enorme potencial del licor, que, por su graduación y sabor único a cereal y umami, estaría destinado a potenciar toda suerte de encurtidos asiáticos y nacionales, que son gloria bendita para esos 100 millones de millones de microrganismos que constituyen nuestra microbiota intestinal, de la que depende en buenísima medida nuestro bienestar físico y mental. Así que bienvenido sea el Moutai en versión española a España, un brindis con berenjena de Almagro en una mano y rábano daikon amarillo en la otra, y el hurra “¡Levantaos, aquellos que rehúsan ser esclavos!” de la Marcha de los voluntarios.