Memoria gastronómica de Pascua

La Última Cena de Da Vinci
La Última Cena de Da Vinci

Miguel Ángel Almodóvar

Diferencias coquinarias en la celebración del fin de la Semana Santa

Según la tradición católica, la Última Cena de Jesús y sus apóstoles, se produjo entre la noche del jueves y la madrugada del viernes de la Semana Santa, aunque en el libro Jesús de Nazaret, del eminente teólogo Joseph Alois Ratzinger y Papa Benedicto XVI, se demuestra de modo inapelablemente que el banquete tuvo lugar entre la noche del martes y la madrugada del miércoles, como por otra parte ya había señalado Juan en su Evangelio, diciendo que desde la habitación del ágape se oían los gritos de los animales. Esto significa que en la cena en la que el nazareno instituyó la Eucaristía, transformando el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre como sacrificio de la Nueva Alianza, el cordero brilló por su ausencia, ya que en aquel tiempo no existía la posibilidad de comprarlo en una carnicería, sino que debía ser adquirido en el Templo, donde era sacrificado de manera ritual por un sacerdote kohen, descendiente varón directo de Aarón, hermano de Moisés. 

Por lo que a España se refiere, el debate teológico no afecta en nada al ritual de los creyentes, puesto que no existe la costumbre de celebrar ágape conmemorativo alguno. Caso bien distinto es el italiano, y muy especialmente el siciliano. Y en este punto conviene recordar que Sicilia fue española durante 306 años y solo lleva 165 de italiana.

Pues bien, en Sicilia, el fin de la Semana Santa, lo que en España es el domingo de Resurrección, se celebra la Pascua con un prodigioso cuchipandeo similar al de la Nochebuena hispana. Las familias se reúnen para una comida festiva, en la que el cordero se constituye en plato principal y los miembros de la familia, en un sentido amplio que prácticamente incluye a casi toda la comunidad, se saluda con el “Auguri” de Nuevo año y el añadido de “Bona Pascua”.

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Quien esto escribe, celebró la última la Pascua en Casale Drinzi, un “agriturismo” o finca agrícola operativa abierta al turismo para ofrecer alojamiento y comida, sirviendo platos tradicionales elaborados con productos propios o locales, situado en este caso en Collesano, pueblecito de montaña a 468 metros sobre el nivel del mar que baña la mítica Cefalú y a unos 70 kilómetros de Palermo, donde por algún tiempo residió Miguel de Cervantes a raíz de la orden de captura que sobre él pesaba por haber participado en una reyerta armada y herir a un hombre en Madrid, y donde el Palermo F.C. lucha en estos días por ascender a la primera división del futbol italiano.

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El menú pascual de Casale Drinzi, fue no solo una fabulosa comilona, evocadora de aquel banquete ofrecido en el siglo IX a.C. por el asirio Asurnasirpal II, que duró diez días y que contó con cerca de 70.000 invitados.

Como tantas otras veces, me llamó extraordinariamente la atención el empeño de los cocineros italianos en tratar de reproducir lo más exactamente posible los platos tradicionales, frente a los españoles que, especialmente en los niveles más elitistas, luchan denodadamente por que los suyos no se parezcan en casi nada a los clásicos y consuetudinarios, procediendo a reinterpretarlos, deconstruirlos o resituarlos, con demasiada frecuencia desde profundas simas de ignorancia y delirios altaneros.

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Pero, a lo que vamos. Dentro del menú que nos fue ofrecido por Casale Drinzi cobraba especial protagonismo un plato referencial, Bocconcini di agnello con polenta, que es cordero asado con bocconcini, que son bolitas de mozzarella, y polenta, condumio tradicional italiano, elaborado a base de harina o sémola de maíz hervida en agua o leche, que se sustancia en una textura cremosa similar a un puré. Todo ello acompañado de una guarnición de tallos de alcachofa prodigiosamente fritos.

Para seguir en la senda del cordero pascual, el día después, lunes de Pascua, me trasladé al mercado del Capo, en Palermo, que se extiende a lo largo de los ejes que marcan la Via  Carini y la Via Sant’Agostino, más algunas calles colindantes. Allí me regalé con unos stigghiole, icono de la cocina callejera palermitana, que son tripas de cordero asadas a la brasa, sazonadas con sal, pimienta y limón, y acompañadas de cebolletas.

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Y una vez estuve bien ahíto, me llegó la paz del león recostado junto a un cordero, que es palabra de Isaías, ojo, Profeta Mayor del Reino de Judá.